Hoy he sentido en lo más profundo de mi ser que algún día haré algo importante. Sí señores, así como algunos saben ya el nombre de sus futuros hijos, yo sé que estoy predestinada a cambiar una porción del mundo. Así que, nada, ahora que lo sé, esperaré a que venga Dios, Buda, Matusalén y toda la pesca a indicarme cual es la misión. Imagino que les dará vergüenza, lo de tener que pedirle un favor a una persona tan sumamente vital como yo, pobrecitos. Yo haré un esfuerzo y escucharé lo que hayan venido a decir, luego ya me decidiré, no es plan de que se note que yo ya lo sabía, hay que darle emoción.
A partir de ahora me quedaré en casa y me reiré de todos aquellos que me digan que no valgo para nada. jajaja, ellos todavía no lo saben. No sospechan que yo no lucho porque tengo la guerra ganada de antemano.
No tengo ni la más mínima idea de por qué cojones he escrito esta chorrada. Mis dedos han decidido emanciparse. Si se puede sacar alguna conclusión es que la soberbia es muchas veces el refugio de la inseguridad. Y que es más fácil decir ya me tocará a mí la suerte que tratar de localizarla para tomar un café.


